jueves 9 de abril de 2009

Noise.

Me encuentro dentro de mi departamento y siento como que si la calle estuviera dentro de este. Logro escuchar los ruidos molestos de tantos automóviles como si estuvieran al lado mío, los que con mayor fuerza hacen arrancar sus motores en horario punta. También siento pasar a la gente muy cerca, sus escándalos, discusiones, peleas y celebraciones, como si fuera parte de aquellos acontecimientos y la necesidad de participar fuera algo vital en mi diario vivir.

Siento que mi espacio es reducido, que no logro moverme con la facilidad que me gustaría. Siento como que me muevo en lo más mínimo, al igual que mi familia, a pesar de que a veces siento que es aún menos. Es casi como que tuviéramos que desarrollar nuestra vida en un rompecabezas, en el cual cada pieza tiene que ir en donde pueda quedar perfectamente encajada, limitándolo de cualquier movimiento en falso.

Una de las cosas buenas es la luz. El sol me ilumina cuando lo necesito, a pesar de que acalora el departamento. El verano parece horno, pero me hace olvidar que el invierno es tan crudo y frío.

Ya saliendo de mi departamento la desconexión es total. Cualquier indicio de ruidos callejeros, luz y calor desaparece. Se entra a un pasillo monótono, regida por la secuencia pared-puerta. La luminosidad sólo deja apreciar el final del pasillo, indicándote que hacía allá sólo puedes avanzar. Es tu dirección obligada, para luego pasar a un ascensor en el que difícilmente un claustrofóbico quiera entrar.

El trayecto termina en un enorme hall, el que irónicamente da la sensación contraria al departamento y el pasillo. La amplitud y luminosidad son dignas de un impecable edificio, lo que funciona muy bien como una fachada bonita. Ya de a poco se empieza a sentir nuevamente ese ruido característico del gran Santiago. Ya de a poco me empiezo a conectar con mi realidad.

martes 1 de julio de 2008

Gracias (canción)

A los que hablan y no callan, gracias
a los que quieren por lo que es y no por lo que vale, gracias
a los que lloran por que otros ríen y no ríen por que otros lloran, gracias
a los que van de frente y no por detrás, gracias
a los que sueñan y no duermen, gracias
a los que buscan problemas y no soluciones, gracias
a los que desordenan la vida y no se acomodan en ella, gracias
a los que se preguntan y no se responden, gracias
a los que cuestionan y no asienten, gracias
a los que me brindan seguridad con todas sus dudas, gracias
a los que creen en otra persona y no a otra persona, gracias
a los que creen en la búsqueda y no buscan a quien creerle, gracias
a los que creen en las causas y no en las causales, gracias
a los que creen en el sacrificio y no en sacrificar, gracias
a los que sospechan que no son libres, gracias
a los que saben que les falta algo y que ese algo no se compra, gracias
a los que resisten, a los que asisten, a los que dan pelea, gracias
gracias por no recetar el remedio antes de encontrar la enfermedad y no inventar una infección para vendernos la cura
gracias por tratar de atacar los motivos y no las consecuencias
por enseñarnos que el saber no es inteligencia y que un libro no es sapiencia elitista sino herramienta popular
gracias por interrogar e interrogarse, y cuestionar la aglomeración de voluntades promoviendo la acción colectiva
por demostrarnos que todos somos iguales en nuestras diferencias, sin mejores ni peores, pero con muchos diferentes
que los opuestos se atraen y que los límites son barreras que nos bloquean
gracias por pelear contra los prejuicios que a todos nos aquejan
por reconocerlos y no negarlos
para verlos, para tratar de derribarlos.
.-
Autor: Joaquín Guillén

lunes 28 de abril de 2008

(12:55) Al Cielo:

Llueve, deja caer tu llanto, lávame del dolor y del miedo, llévate mis pensamientos, inúndame y déjame en coma; inerte.

Llueve como nunca has llovido, llévatelo todo y hazme parte de ti: agua de tu agua, súbeme al cielo y déjame caer de nuevo; eternamente.

Llueve, y tráela contigo, ahógala en tu marea, lávala de cualquier recuerdo, hazla agua, húndela en mí y no la dejes salir, que sienta la asfixia de sumergirse en el otro como me hundí en ti una vez. A ver si por lo menos así continuamos juntos… el ciclo.

domingo 27 de abril de 2008

Una noche y una sombra

Despertó alrededor de las tres de la mañana y aún no recuerda como se quedó dormido. La tele sonando con el típico chillido que viene después del cierre de la señal, con un poco de migas encima de su polera y estando en una posición que no recuerda haberse puesto.
Trata de despejarse un poco, apaga la tele y se queda sentado un rato. Por mientras que intenta recuperar un poco su conciencia, se dedica a observar el oscuro espacio en el cual se encuentra. De a poco sus pupilas empiezan a adecuarse a esa profunda oscuridad de su living, generando formas que, al principio son irreconocibles, pero que finalmente forman ciertas figuras que logra, con mucho esfuerzo, identificar. Empieza a ver cosas raras y bizarras, y que increiblemente le empieza a generar cierta gracia. Observa principalmente a personas, personas bajas, gordas, flacas, hombres, mujeres y hasta lograría precisar si son ancianos, jóvenes o niños.
Después de ese pequeño intervalo de entretención, ya con la vista un poco más clara y con formas más acordes a su living, decide dirijirse a su cama. Al momento de levantarse da un último vistazo a su alrededor. Todo normal, excepto algo. Al parecer una forma que aún se veía difusa, indefinida y que se encontraba en una de las esquinas de la sala. Una figura, la cual se quedó estancada en el proceso visual y que no logra decidirse a tomar una forma.
Le vino un poco de preocupación, hasta un poco de miedo. ¿Qué se supone que es eso? ¿Habrá alguien ahí? Si lo hay, debió haber entrado mientras dormía. Pero que raro que se encuentre ahí en ese lugar, tan estático y sereno. Tal vez no sea nada. Sí, quizás algo que se ve difuso y será, nada mas.
Se va a acostar con gran preocupación y temerosidad, con miedo de si en verdad vio algo o si sólo fue su imaginación. Pudo haber sido la vista, que siempre nos juega una mala pasada, nos hace ver cosas que no son, nos muestra los vacios como llenos, nos da algo en donde en realidad no hay nada. Pero al encontrarse dentro de la cama sigue su inseguridad. Siente que todavía ese algo se encuentra ahí, fuera de su refugio de sábanas y frazadas, que lo siguió hasta su dormitorio y que no tiene pensado dejarlo tranquilo. Pero cómo es posible que le pasen cosas así, estas situaciones son típicas de películas de terror o cuentos, para infundirles miedo a los niños, donde lo que menos prevalece es la lógica y la realidad. No le queda más que quedarse ahí, inmóbil, y dormirse, esperando a que cuando despierte toda esta situación haya terminado.
En qué momento se volvió todo esto tan bizarro.

martes 22 de abril de 2008

Tu y la luna.

Desde una piedra musgosa
te quise observar.

Llegaste pisando apenas
y te inclinaste en el arroyo.

Pusiste luna en tu jarro
y yo te pedí un pedazo.

Me diste uno pequeño.
No sonreíste, morena.

La luna se heló en tus ojos
y se deshizo en mis labios.

Tus ojos fríos dejaron
hielo en mi corazón.

Te alejaste lentamente.
En la noche
va muriendo mi ilusión.

viernes 21 de marzo de 2008

Me hace bien estar a tu lado

Es increíble que te vuelva a ver. No entiendo que hago aquí y por qué me encuentro en esta situación, pero de todas maneras no me importa, porque estoy al lado tuyo.

Todavía recuerdo esa mañana calurosa de verano, en la cual te fuiste sin aviso, sin dar explicaciones o excusas, llevándote contigo todo recuerdo y objeto tuyo. Como si quisieras que te olvidara completamente, hasta sentir que nunca exististe para mí. Pero a pesar de eso, no lograste tu cometido.

Todavía no entiendo que hago aquí y por qué me observa tanto la gente. Pero no importa, porque me siento bien a tu lado.

A desgracia tuya, te recordaba a cada momento del día. En el desayuno, cuando el tiempo que compartíamos era muy corto, pero tan solo eso me bastaba para sentirme feliz. O en las compras, cuando nuestras discusiones consistían en qué teníamos que llevar y que cosas eran innecesarias para nuestras vidas. Bueno, y en tantas otras situaciones en las cuales sentía en que tu estabas a mi lado. Por eso, a desgracia tuya no te olvide.

Te insisto, no se lo que hago aquí. No entiendo por qué querías que nuestro reencuentro lo realizáramos en este lugar, en la azotea del edificio en que vivimos, mirando la calle desde las alturas, donde la gente parece un gran puñado de insectos esparcidos. Todavía no sé cuales son tus intenciones. Te encuentras aquí, tomada de mi mano y vestida con tu traje blanco que tanto te gustaba. Ahora me sonríes, y tu cara expresa una clara intención de llevarme a algún lugar. De todas maneras, me tiene sin cuidado, porque a pesar de todo, me hace bien estar a tu lado.

Espectráculo

Algunos ríen y gritan... otros lloran; y otros simplemente callan, me toman de la mano, y me llevan a pasear por las noches. Me muestran la ciudad, las calles en donde vivieron, a quienes conocieron y amaron, y finalmente, en donde murieron... y cómo.

Así, se forma la procesión y vagamos, cada uno mostrando a los demás lo que fue alguna vez; hasta que llega la hora que nadie quiere vivir, o morir -respectivamente-; esa hora en que un algo que está más allá de nuestras voluntades y nuestro entendimiento nos separa brutalmente y nos retorna a nuestros escenarios. La tierra se parte en dos, la función es amputada, las dos siamesas a las Dos son dos y todo es dualidad y distancia.

Un cuarto de hora después ya nadie se acuerda de sus roles y volvemos... ustedes a su cielo y yo a mi ataúd. ¿Cuándo será la noche en que su paraíso se torne mi infierno?